Si amigas, sí. Finalmente sobrevivimos a esa mudanza de 700 Kms y 3.500 kg de masa máxima autorizada. La clave de la supervivencia: muchos amigos para ayudarnos a bajar las cajas, otro para conducir el camión (aunque el día anterior habíamos aprobado el carnet, no era plan de meternos en autopista con la L), y un ascensor a la llegada para subir las cajas.
Vayamos por partes.
Sábado, 16 de junio de 2006
Nos juntamos con unos 15 amigos deseosos de bajar las ciento y pico cajas, nevera, tele, piano y algunas tonteridas más los cuatro pisos que tenía nuestro ex-piso luceriano. Un par de horas más tarde ya teníamos montado el tetris en el camión que habíamos alquilado.
Antes de emprender la marcha, montamos una fiestuqui improvisada con unas pizzas y unos bebercios.
Y una vez recuperadas las fuerzas, estábamos listos para nuestro viaje, con camionero tatuado y todo!
Y a tirar millas bajo la lluvia. Atrás queda Madrid... ¡Ay mi Manuel Becerra! ¡Ay mi Evita Perón!
Finalmente, llegamos a Zaragoza, directos al Garage Aragón, justo enfrente de la casa de mis padres. Un mito de mi infancia, sigue todo igual pero ahora ya no está el poster de tetudas estilo camionero que me ilustró de pequeño.
Domingo, 17 de junio de 2006
¡Buenos días! Nos despertamos en Zaragoza, y tras un cafés y unas tostadas volvemos al Garage Aragón, pagamos la noche que el camión durmió allí, y vamos que nos vamos para Girona.
Más kilómetros y canciones más adelante atravesamos el arco que marca el meridiano de Greenwich:
La segunda fase de la mudanza, volver a subir todos nuestros trastos al nuevo piso, fué sorprendentemente sencilla para lo que esperábamos, gracias al ascensor. En unas 3 horitas teníamos todas las cajas arriba.
Lunes, 18 de junio de 2006
Al día siguiente despedimos a Luis, orgulloso en su camión...
Nos hicimos un huequito entre las cajas para poner una mesa con los ordenadores y ¡a telecurrar!
Todo esto y mucho más, pronto en sus pantallas.