jueves, 26 de julio de 2007

Reencuentro


Hace ya unos años, justo por estas fechas, nos fuimos de vacaciones a hacer el Camino norte en bici. Mala idea, porque por los caminos asturianos hay tanta exuberancia vegetal, que con la bici era imposible recorrerlos y acababamos cogiendo por la carretera.

Al final, nos hartamos de perdernos lo bueno y decidimos mandar las bicis a casa y seguir andando. Y en el primer albergue al que llegamos utilizando los pies, nos encontramos nada más y nada menos que al legendario faraón chihuahua -un personaje mítico de nuestra adolescencia- haciendo el Camino de Santiago. Le acompañaban portando su pienso Merce y Joan Carles, porque en esta reencarnación, el faraón se llamaba Blanquet y esta pareja se lo había encontrado perdido por el Empordá.

Al día siguiente, continuamos el camino con nuestros tres nuevos amigos. Nos cansamos mucho, porque ellos estaban superenforma -hasta el perro estaba cachas de los viajes que se hacían- y nosotros no estabamos nada acostumbrados a andar. Aún así, este primer día mantuvimos el tipo. Lo malo vino el segundo. En el camino nos encontramos con la construcción de la autovía del Cantábrico, que había arrasado trozos de camino y señales, y nos perdimos de mala manera. Encima, la etapa ya era larga de por sí, de forma que cuando llegué al albergue apenas me podía mover en plan Chiquitorrr. Presentaba un aspecto tan lamentable que una jubilada francesa me regaló su pomada muscular.

Habiendo comprendido que andar no era lo nuestro, decidimos poner fin a la aventura y seguir en bus, pero antes, intercambiamos teléfonos. Volvimos a ver a Joan Carles y Merce (y Blanquet) unas cuantas veces, en Madrid unas, y otras en Barcelona. Hasta que pasado mucho tiempo sin tener noticias de ellos, les escribí una carta y no tuve respuesta... se habrían mudado? ¿Volveríamos a verles?

Al llegar aquí, una de las primeras cosas que pensamos fue aprovechar la cercanía de BCN para buscarles. Iríamos a su antigua casa, preguntariamos a los vecinos... como somos tan peliculeros, nos encantaba la idea de hacer el Sherlock por Barna.

Iniciamos nuestras pesquisas en Internet. Encontré una Merce que coincidía en el primer apellido, pero no en el segundo. Vaya. ¿Y en las páginas blancas? Probé a poner el nombre completo, y bingo! ahí estaba su teléfono, correspondiente a un pueblo de Barcelona. Llamamos y allí estaba! Nos hizo mucha ilusión encontrarla, pero casi que fue demasiado fácil... pero bueno, mejor que no haberles encontrado, desde luego!

Quedamos para ese mismo finde en su nueva casa, maca maca, en un pueblo cerca de Igualada (que historia para ir sin tener coche). Y allí estaban, igual que siempre; sólo Blanquet parecía más viejito, que para eso sus años cuentan por siete.

Merce y Blanquet

Fue un finde muy chulo, contándonos todo lo que nos había pasado en estos años. También conocimos el pueblo, la leyenda de la marquesa que metió a unos niños en el calabozo porque le llamaban tacaña, y visitamos Cervera, con su Carreró de les Bruixes y las enigmáticas ménsulas del ayuntamiento .

martes, 17 de julio de 2007

Menos perduts


Coincidiendo con el Festival de Musiques Religioses i del Mon, se celebra junto a la catedral Menjars del mon, una feria gastronómica con platos de diferentes países.

Después de uno de los conciertos, acudimos a la llamada del curry y ¡oh sorpresa!, nos encontramos una cara conocida: la guía de la ciudad que conocimos cuando vinimos aquí por primera vez!

Justo estaba detrás de nosotros en la cola, así que, aunque nos daba un poco de corte, le preguntamos si se acordaba de nosotros. Y sí, se acordaba, y le pareció muy emocionante que hubieramos acabado viniéndonos a vivir aquí, porque a Julia (que así se llamaba) le había pasado lo mismo, que vino de viaje hace años, y ya no se quiso ir.

Julia cuando fué nuestra guía. Ella fue quién nos contó lo de que quién
besa el culo de la leona vuelve a Girona, y vaya si funcionó!


Cenamos con Julia y con Jordi junto a la catedral, y nos intercambiamos los teléfonos para vernos otro día. Y fue pronto, porque ella también había comprado entradas para el concierto de Taj Mahal, así que fuimos all together everybody, después de cenar en su casa (que está en pleno barri vell, cerca del río, y desde la azotea tiene unas vistas impresionantes).

También vino al concierto su amigo Quim, que trabaja en la librería de viajes Ulyssus y que acaba de volver de pasar un año recorriendo Asía en autobús (toma ya, y luego nosotros nos sentimos aventureros por habernos mudado de Madrid a Girona...)

El concierto fue maco maco, de blues del campo, que decía el tío marchoso. En su web se pueden escuchar algunas canciones. Muy recomendable.





Nos van a normalizar, y no nos vamos ni a enterar

Todas las mañanas vamos en bici hasta Salt a las clases de catalán. Salt es un pueblo que está ya pegando a Girona, parece un barrio de la ciudad. Pero en la frontera, un cartel te indica que es otro municipio, y que está hermanado con no sé que ciudad de Australia. En realidad, Salt debería estar hermanada con Lavapiés, porque también es una mezcla de razas, en la que sólo falta la de los modernitos.

Nuestros compis son de lo más exótico. A Sukhjinder, que es de la India, le encantan las películas de Bollywood, aunque ella, con el sari y el casco en la mobylette, más bien nos recuerda una de esas pelís inglesas tipo East is east. Dasha es de Moldavia. Como habla ruso y rumano, es la única que puede comunicarse con Basile, el rumanés. Alex es austriaco y habla todos los idiomas del mundo, parece que sólo le faltaba el catalán.

Ousman, de Senegal, tiene una voz profunda, y como la primera vez que escuché la palabra vuitanta (ochenta) la pronunciaba él, cada vez que vuelvo a escucharla me suena a algún idioma africano más que a catalán, aunque me lo esté diciendo la cajera del Bon Preu. Otras palabras catalanas parecen maño, como bonico, y otras de niños, como mentida. Muchas son como en francés. Otras son latín, como veritat, res... Pero la mayoría suenan muy catalanas y ya.

Samira es de Marruecos. Bryan es de Ecuador y siempre está contento. Si le preguntan que que dia de la semana t'agrada molt contesta que tots. Le da igual vuit que vuitanta. Hay dos Natalias: la gallega, que es casi vecina nuestra, y la brasileña, que pasa de todo y cada vez que la profe dice que hagamos algo grita NOOOOOOO desesperada, y a continuación comenta algo de quinta feira -nadie entiende lo que dice, porque no habla ni catalán ni castellano. Con ella descubrí que, como una niña posesa, hablo muchos más idiomas de los que parece, porque un día, no se enteraba de que significaba tovalló (servilleta), y le dije sin dudarlo: guardanapos.

En catalán cuando te hacen una foto, no se dice patata sino Lluís

Ahora ya nos vamos enterando más, pero el primer día de clase estabamos molt perduts. La sita nos mandó ir preguntando a los compis como se llamaban (en catalán, claro). Así que fuí preguntando a cada uno COM ET DIUS?, apuntando los nombres en el cuaderno:

-Beidi - me dijo el malinés
-Samira - me dijo la marroquí
-Bryan - me dijo un sudamericano
-Endic Alejandro - me dijo otro sudamericano

A mi este último nombre no me extraño más que el resto, porque mis anteriores vecinos se llamaban cosas como Wilson Alberto. Pero Endic Alejandro se enfadó:

-NOOOO, me llamo Alejandro, sin más!!!! Em dic significa me llamo!!!!!

Y además no era sudamericano, sino canario.
Ostres tu...

Nuestro primer encuentro con los mossos

La semana pasada, en la lilapause de las diez, salimos afuera y, din don putada, habían robado la rueda delantera a la bici de Jaime, que ese día como iba con prisa, había encadenado sólo el cuadro. Pero peor suerte tuvo Bryan, que sólo había encadenado la rueda delantera... Le magaron todo lo demás, y con la rueda de Jaime, se montaron la bici completa. Que jodios. Bryan seguía tan contento como siempre, ya para que me voy a enojar, decía. Le dejo su rueda a Jaime -ya no la quería para nada- y así pudimos volver a casa.

Antes, fuímos a los mossos a poner la denuncia, pero nos parece difícil que la puedan encontrar.

Volviendo a casa por las huertas de Santa Eugenia.

domingo, 8 de julio de 2007

Fraguel Life

¡Qué vida tan diferente llevamos aquí! Por una parte, tenemos una sensación extraña, como de estar de vacaciones, como de que no puede durar, de no tener raíces. Por otra, la vida es más como de pequeños, viviendo en el presente, sin plantearnos nada a muy largo plazo. Cada día vamos al cole en bici, luego volvemos a casa a trabajar, y cuando terminamos, miramos en la agenda que edita el ayuntamiento que propuestas hay.

Aunque se supone que en Madrid hay muchas más actividades, lo cierto es que en nuestro barrio, aparte del botellón reggaeton, no había nada, y nos daba mucha pereza para ir a cualquier cosa tener que coger el metro y aguantar colas, así que al final los días entre semana solían ser sosetes. Además, ocurría a menudo que nos enterabamos de un concierto o de una exposición cuando ya era tarde, porque en Madrid la guía del ocio hay que empollarsela y subrayarla con fosforito. Hasta eso era una pereza...

Aquí en cambio todo es más fácil. Casi todos los días hay algo que nos interesa, y basta con coger la bici -que ya no hay que bajar 4 pisos!- para plantarnos en diez minutos en el centro. Y eso que vivimos en las afueras. Y tampoco hace falta llegar con mucha antelación, ni siquiera a las actividades que son de gratis. Así que casi todos los días nos pasan cosas, y esa es la razón de que tengamos todavía cajas sin desembalar, y este blog tan abandonado ;-) Pero como Jaime no para de hacer fotos, podremos recordarlas y hacer un resumen.

Yendo a comprar a Mercadona

¡Pues vaya tonterida de actividad! -me vais a decir- ¡pero es que el camino es tan chulo! Vamos a comprar en bici, y a la vuelta mola tirarse en el cesped a ver las nubes del atardecer.






Desayunando

¡Qué bonita fue la primera semana aquí! Como no encontrabamos la cafetera, desayunabamos todos los días en el bar.







La recolección

Detrás de casa tenemos un bosquecito dónde crecen varios ciruelos. ¡Cirigüelas ecológicas by the face! Estamos esperando ansiosos que maduren los higos.






Día internacional de la música


Este día, había conciertos de todo tipo en la calle.

Pero lo que más nos gustó, fue descubrir a Qrambla, un grupo de musics i balladors del carrer, que tocan y bailan música medieval todos los jueves de primavera en la rambla.




Etnival

La semana en que llegamos, empezaban las fiestas de San Juan, que aquí se celebran por todo lo alto. Abrió la fiesta el Etnival con la Always Drinking Marching Band de quienes enseguida nos hicimos fans, aunque un pequeño percance ocasionó que salieramos en la prensa local...


Esa noche nos acercamos al parque de la ribera del Ter al resto de conciertos del Etnival, donde vimos a 08001, Macaco, y otra vez la Always Drinking! (ya recuperados). Aquí la gente es supermarchosa y en cuanto escuchan música se ponen a bailar. Sobre todo, con una canción que es el equivalente por estos lares a Paquito el Chocolatero, se vuelven todos locos. Es como de flautista de Hamelin.


Sant Joan

Es costumbre que las hogueras de San Juan se enciendan con la flama del Canigó, la llama que se enciende en este monte y que simboliza la unidad de los paises catalanes. La noche antes unos excursionistas van a buscarla y la llevan hasta su ciudad en plan antorcha olímpica. En Girona, la traen a la Plaça del Vi, y desde allí, representantes de los distintos barrios y asociaciones la recogen para encender sus hogueras.


En esta celebración tampoco faltan los gigantes y cabezudos, los castellets, y los "sopar de germanor" (cena popular, con coca de postre) por los distintos barrios, justo antes de encender las hogueras.












Luego, todos bailan alrededor de la hoguera.
Nadie duerme esta noche, ni aunque quiera, porque no dejan de sonar los petardos hasta el amanecer.

Cinema de estiu

Nos sorprende que una ciudad tan pequeña como Girona cuente con un cine como el Truffaut, que ahora es un cine en versión original -y antes era un cine original, el cine porno de Girona*. Esperamos que hayan limpiado bien las butacas.
En verano, el Truffaut organiza proyecciones "a la fresca" (y aquí cuando dicen fresca, es fresca de verdad, que vaya frío que te pelas). Inaguraron el ciclo este año con La pasión de Juana de Arco.

(*) Esto nos lo explicaron unos ciclistas que conocimos en la vía verde del carrilet cuando vinimos de turistas. Esperamos volver a encontrarles -seguro que pronto aparecen por este blog, porque aquí es molt facil trobar-se a la gent.


Jornades de programari lliure

Jaime está emocionado porque aquí le dan mucho al software libre. La semana pasada fue a unas jornadas en la universidad. Acabaron cenando en Casa Marieta, y allí descubrió otra costumbre típica: después de cenar, se ponen todos a cantar. Como nuestro conocimiento del catalán es aún bastante vago, le enseñaron esta:

El gegant del pi ara balla, ara balla, el gegant del pi, ara balla pel camí


Y no hay fotos, pero...

Ya hemos ido unas cuantas veces a la plat-ja, a la plat-ja! (grito incansable de una niña del tren) ¡Como mola tenerla tan cerca!

Y ya estamos empadronados, lo que significa que ya somos oficialmente ciutadans!
En el adjuntament nos dieron un kit de bienvenida con un mapa, horarios de autobús, instrucciones para reciclar (¡aquí tienen cinco cubos diferentes!), listado de lugares dónde conectarse a internet, listado de cursos de catalán, y una carta de la alcaldesa en la que nos invita a participar en la vida de la ciudad. Te tomamos la palabra, maña!

sábado, 7 de julio de 2007

Conociendo gente

Llevamos aquí 3 semanas y estoy contento de ver que, a poc a poc, vamos conociendo gente. Uno puede vivir en el sitio más estupendo del planeta, pero lo más importante es tener amigos, referencias, caras que reconozcas por la calle.

Yendo en orden cronológico, voy a repasar las personas que hemos ido conociendo en Girona (defino aquí "conocer" como saber el nombre de una persona y que ésta se sepa el tuyo, ser capaces de encontrarse por la calle, no implicando necesariamente que te vayas a tomar unas tapas acto seguido).

La primera persona es Marta, de la inmobiliaria, la que nos enseñó el piso corriendo antes de que saliera nuestro avión para Madrid, cuando vinimos aquí de vacaciones y descubrimos justo esa última tarde que ésta era la ciudad ganadora. No es la única Marta que conocemos en Girona: la recepcionista de la Pensió Margarit, donde estuvimos alojados, también se llama así.

Unas semanas más tarde volvimos por Girona, ya para firmar el contrato y que Marta (la de la inmobiliaria) nos diera las llaves (al pasar por su oficina conocimos también a su socia Nuria), y aprovechamos para conocer a Emili, al que conocía a través de una lista de correo de programación, con el que nos tomamos un café en el Barri Vell. Fué entonces que conocimos también a su mujer Judith y su hijo Unax. Muy majos los tres, nos han invitado la semana que viene a tomar un pa amb tomàquet en su casa.

En las clases de catalán (llevamos 4 días y ya es motivo para otra historia) también hemos conocido a unas cuantas personas, aunque como es en Salt (no en la propia Girona) no creo que nos los encontremos mucho... Isabel la profesora, Dasha desde Moldavia, Sukhjinder de la India, Alex de Austria, Beidy, Baha de Mali y Ousmane de Senegal y muchos más...

La semana pasada me escribió Jordi, un gironí que me conoció también por otra lista de correo y que resulta que trabaja al lado de nuestra casa, a dos manzanas de aquí. En una calle muy chula pegada al bosque. Hablando con él me enteré de que iba a tener lugar la VI edición de unas jornadas de software libre, en la Escola Politècnica de Girona, a las que me apunté corriendo y asistí a unas cuantas charlas, alguna con él.

Como fin de fiesta de las jornadas hubo una cena en Casa Marieta, "casa centenaria de Girona". Me apunté a la cena y en el camino para llegar al restaurante le pregunté por la dirección al encargado del albergue juvenil, que conocimos cuando estuvimos de turistas, y aproveché para presentarme. Se llama Iván.

En la cena conocí a más gente, aunque muchos venidos de fuera para las jornadas, pero algunos de Girona, como Miquel y Sebas, de la universidad.

Y eso es todo... aparte de los que conocemos el nombre vamos reconociendo caras, como las camareras de nuestro bar favorito, La Lluna, donde desayunábamos café amb llet y minis de pernil salat, o un chico y una chica que bailaban en los saraos organizados en la rambla por Qrambla.