martes, 17 de julio de 2007

Nos van a normalizar, y no nos vamos ni a enterar

Todas las mañanas vamos en bici hasta Salt a las clases de catalán. Salt es un pueblo que está ya pegando a Girona, parece un barrio de la ciudad. Pero en la frontera, un cartel te indica que es otro municipio, y que está hermanado con no sé que ciudad de Australia. En realidad, Salt debería estar hermanada con Lavapiés, porque también es una mezcla de razas, en la que sólo falta la de los modernitos.

Nuestros compis son de lo más exótico. A Sukhjinder, que es de la India, le encantan las películas de Bollywood, aunque ella, con el sari y el casco en la mobylette, más bien nos recuerda una de esas pelís inglesas tipo East is east. Dasha es de Moldavia. Como habla ruso y rumano, es la única que puede comunicarse con Basile, el rumanés. Alex es austriaco y habla todos los idiomas del mundo, parece que sólo le faltaba el catalán.

Ousman, de Senegal, tiene una voz profunda, y como la primera vez que escuché la palabra vuitanta (ochenta) la pronunciaba él, cada vez que vuelvo a escucharla me suena a algún idioma africano más que a catalán, aunque me lo esté diciendo la cajera del Bon Preu. Otras palabras catalanas parecen maño, como bonico, y otras de niños, como mentida. Muchas son como en francés. Otras son latín, como veritat, res... Pero la mayoría suenan muy catalanas y ya.

Samira es de Marruecos. Bryan es de Ecuador y siempre está contento. Si le preguntan que que dia de la semana t'agrada molt contesta que tots. Le da igual vuit que vuitanta. Hay dos Natalias: la gallega, que es casi vecina nuestra, y la brasileña, que pasa de todo y cada vez que la profe dice que hagamos algo grita NOOOOOOO desesperada, y a continuación comenta algo de quinta feira -nadie entiende lo que dice, porque no habla ni catalán ni castellano. Con ella descubrí que, como una niña posesa, hablo muchos más idiomas de los que parece, porque un día, no se enteraba de que significaba tovalló (servilleta), y le dije sin dudarlo: guardanapos.

En catalán cuando te hacen una foto, no se dice patata sino Lluís

Ahora ya nos vamos enterando más, pero el primer día de clase estabamos molt perduts. La sita nos mandó ir preguntando a los compis como se llamaban (en catalán, claro). Así que fuí preguntando a cada uno COM ET DIUS?, apuntando los nombres en el cuaderno:

-Beidi - me dijo el malinés
-Samira - me dijo la marroquí
-Bryan - me dijo un sudamericano
-Endic Alejandro - me dijo otro sudamericano

A mi este último nombre no me extraño más que el resto, porque mis anteriores vecinos se llamaban cosas como Wilson Alberto. Pero Endic Alejandro se enfadó:

-NOOOO, me llamo Alejandro, sin más!!!! Em dic significa me llamo!!!!!

Y además no era sudamericano, sino canario.
Ostres tu...

Nuestro primer encuentro con los mossos

La semana pasada, en la lilapause de las diez, salimos afuera y, din don putada, habían robado la rueda delantera a la bici de Jaime, que ese día como iba con prisa, había encadenado sólo el cuadro. Pero peor suerte tuvo Bryan, que sólo había encadenado la rueda delantera... Le magaron todo lo demás, y con la rueda de Jaime, se montaron la bici completa. Que jodios. Bryan seguía tan contento como siempre, ya para que me voy a enojar, decía. Le dejo su rueda a Jaime -ya no la quería para nada- y así pudimos volver a casa.

Antes, fuímos a los mossos a poner la denuncia, pero nos parece difícil que la puedan encontrar.

Volviendo a casa por las huertas de Santa Eugenia.

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