Llevamos toda esta semana de fiesta mayor en Girona, porque el 29 de octubre fue San Narcis, el patrón de la ciudad. San Narcis vino a evangelizar Girona y acabó martirizado, pero su fama viene de después. Se cuenta la leyenda de que en una invasión de las tropas francesas, cuando los soldados fueron a profanar la tumba del santo, una plaga de moscas salió en su defensa, atacandoles a ellos y a los caballos, que huyeron despavoridos. Un milagro así no podía pasar desapercibido en esta ciudad de frontera que tantos asedios ha sufrido. Y por eso aquí no tenemos como símbolo ni leones rampantes, ni lobas, ni tigres de bengala, sino unos bichos tan poco glamurosos como las moscas. Aparecen dando forma a los bombones y en los posters de las fiestas.
Y la verdad es que durante septiembre y octubre hay muchas moscas y muy pesadas, y no te dejan comerte con tranquilidad el pa amb tomaquet si estás en una terracita. Pero parece que ya hace tiempo que no son tan peligrosas, porque en el 36, a
los rojos se les ocurrió la misma idea que a los franceses y esta vez no apareció ninguna mosca defensora. El sepulcro ahora está vacio y se cuenta que los huesos del santo fueron a dar al Onyar.
En cualquier caso, sigue siendo el patrón, y siguen celebrándose las fiestas en estas fechas en que de día aún hace bueno, pero por la nocha ya se nota el frío. Son un punto de referencia, el corte que avisa de que toca rescatar la ropa de invierno (aunque los mayores del lugar comentan que antaño por San Narcis se estrenaba el abrigo y que ahora ya casi no hace frío -ATCHIIIS, si ellos lo dicen...-, que es evidente que el clima está cambiando).

Este rey leyó el pregón con que empezarón las fiestas, y con dos collons dijo que el era monárquico, en la mismísima Plaça del Vi!

Como es costumbre por estos lares, en las fiestas ha habido correfocs, sardanas, habaneras, castellets (lo más impresionante fue la subida que hacen de un pilar de cuatro por las escaleras de la catedral)... Los correfocs los vimos con Merce, Joan Carles y Blanquet, que vinieron a visitarnos. Joan Carles tuvo que esconder a Blanquet en su abrigo para que no se volviera loco con el ruido de los petardos y el olor de la polvora. Y es que son como estar en el infierno.
Y como es costumbre por todos lados, también hemos tenido conciertos, coches de choque, barracas (puestos con comida y bebida) y fuegos artificiales, que vimos desde la azotea de Julia.
ZAMPINGAquí no hay huesos de santo ni buñuelos de viento, pero a cambio tienen los
panellets, una especie de mazapanes que son una perdición. Los pasteleros se esfuerzan en inventar de distintos sabores, a pesar de que todo el mundo prefiere los tradicionales de piñones.
También hay puestos de castañas. Las castañeras son unos seres medio mitológicos que se caracterizan por llevar siempre un pañuelo en la cabeza. Yo no sabía esto, y el otro día llevaba yo también un pañuelo que hizó que un niño pequeño que portaba barretina preguntara a su madre
Mama, on va la castanyera? así como indignado porque hubiera abandonado mi puesto....