Se puede recorrer su perímetro andando o por el carril bici, y en él la gente pesca, se baña, rema, etc. Vamos, el paraíso del dominguero -aunque todo está muy cuidado.

Estaban de fiestas, así que nos quedamos a ver por la noche a los correfocs, unos demonios que recorren las calles bailando y asustando a la gente con bengalas gigantes. A los adolescentes les encanta subírseles a la chepa y bailar con ellos sus ritmos frenéticos, pero para eso antes conviene ir a que te rieguen, porque si no se te puede prender la ropa.
A nosotros nos daban mucho canguelo y era tal el olor a polvora que apenas se podía respirar. Se lo contamos a l'Emma, una niña de seis años que conocimos ayer, y nos dijo que somos uns cagats. Pues una mica que sí, la verdad.
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