
Hace ya unos años, justo por estas fechas, nos fuimos de vacaciones a hacer el Camino norte en bici. Mala idea, porque por los caminos asturianos hay tanta exuberancia vegetal, que con la bici era imposible recorrerlos y acababamos cogiendo por la carretera.
Al final, nos hartamos de perdernos lo bueno y decidimos mandar las bicis a casa y seguir andando. Y en el primer albergue al que llegamos utilizando los pies, nos encontramos nada más y nada menos que al legendario faraón chihuahua -un personaje mítico de nuestra adolescencia- haciendo el Camino de Santiago. Le acompañaban portando su pienso Merce y Joan Carles, porque en esta reencarnación, el faraón se llamaba Blanquet y esta pareja se lo había encontrado perdido por el Empordá.
Al día siguiente, continuamos el camino con nuestros tres nuevos amigos. Nos cansamos mucho, porque ellos estaban superenforma -hasta el perro estaba cachas de los viajes que se hacían- y nosotros no estabamos nada acostumbrados a andar. Aún así, este primer día mantuvimos el tipo. Lo malo vino el segundo. En el camino nos encontramos con la construcción de la autovía del Cantábrico, que había arrasado trozos de camino y señales, y nos perdimos de mala manera. Encima, la etapa ya era larga de por sí, de forma que cuando llegué al albergue apenas me podía mover en plan Chiquitorrr. Presentaba un aspecto tan lamentable que una jubilada francesa me regaló su pomada muscular.
Habiendo comprendido que andar no era lo nuestro, decidimos poner fin a la aventura y seguir en bus, pero antes, intercambiamos teléfonos. Volvimos a ver a Joan Carles y Merce (y Blanquet) unas cuantas veces, en Madrid unas, y otras en Barcelona. Hasta que pasado mucho tiempo sin tener noticias de ellos, les escribí una carta y no tuve respuesta... se habrían mudado? ¿Volveríamos a verles?
Al llegar aquí, una de las primeras cosas que pensamos fue aprovechar la cercanía de BCN para buscarles. Iríamos a su antigua casa, preguntariamos a los vecinos... como somos tan peliculeros, nos encantaba la idea de hacer el Sherlock por Barna.
Iniciamos nuestras pesquisas en Internet. Encontré una Merce que coincidía en el primer apellido, pero no en el segundo. Vaya. ¿Y en las páginas blancas? Probé a poner el nombre completo, y bingo! ahí estaba su teléfono, correspondiente a un pueblo de Barcelona. Llamamos y allí estaba! Nos hizo mucha ilusión encontrarla, pero casi que fue demasiado fácil... pero bueno, mejor que no haberles encontrado, desde luego!
Quedamos para ese mismo finde en su nueva casa, maca maca, en un pueblo cerca de Igualada (que historia para ir sin tener coche). Y allí estaban, igual que siempre; sólo Blanquet parecía más viejito, que para eso sus años cuentan por siete.
Fue un finde muy chulo, contándonos todo lo que nos había pasado en estos años. También conocimos el pueblo, la leyenda de la marquesa que metió a unos niños en el calabozo porque le llamaban tacaña, y visitamos Cervera, con su Carreró de les Bruixes y las enigmáticas ménsulas del ayuntamiento .
4 comentarios:
¡Como os ha cundido esta temporada!. Da gusto leer vuestras últimas entradas en el blog. ¡Animos y abrazos!
Así me gusta que no os olvideis de los viejos amigos aunque haga años que no los veis. Esto me anima mucho porque a este paso cuando nos volvais a ver Inés ya sabra montar en bici :D
Me encanta el blog y vuestras aventuras. Me alegra veros tan contentos y con tantas actividades, experiencias y amigos nuevos! Casi que dan ganas de mudarse...
Sí, yo también me he cambiado de muda al leeros...! Qué bueno todo. Lo que nos gustaría es saber más sobre el perro faraón. ¿Es el mismo de aquél viaje a Santiago, que se lo han encontrado otros, con los que también os habéis encontrado...? Esto suena a predestinación kármica (que no cárnica)!
Publicar un comentario